Raíces II (o aclaraciones)

No he querido nunca escapar, solo abrazar mis raíces y echarlas a volar. Si parece que divago es porque las he comprendido, no porque las quiera desechar. Si las he comprendido y es inaceptable, tenía que saber que el luto era obligatorio. Si es asi entonces me visto de negro, y aparto un poco el fuego… si es obligatorio me echo a llorar.

Vamos, un poquito más fundamental, no es que me afecte o no quedarme sin nada. Yo me aferro a mis propias raíces. “Nunca olvides de donde vienes”, tampoco por eso delmites a donde puedes ir.

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Raíces

no hay patria que nacionalice

ni mercader que cobre

con lágrimas el alma

de un corazón errante

 

no hay sensatez que valga

ni sinceridad que apremie

ni justicia que cambie

un corazón errante

 

no hay fuerte voluntad

ni santa castidad

que evite que se escape

un corazón errante

 

no hay verso que frene

ni suspiro que inquiete

no hay letra que alcance

a un corazón errante

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La verdadera fuerza no es dureza

“. . . gentleness is stronger than severity,

water is stronger than rock,

love is stronger than force.”

-Herman Hesse

No es equilibrio, es indiferencia. Viste que antes desperté extranjera, antes… si no sientes y crees saber, parecerá que nada me inmuta, que no siento y sé saber. Te hubiera dicho algo más, te hubiera invitado a pasar… no hay vuelta atrás. Antes de cualquier debilidad, prefería olvidar.

En cambio me aceptas y de pronto puedo encajar, moverme al ritmo de tus miradas. Si lloras, yo también entristezco; si ríes, bailamos. Nunca pedí lo que no pude dar. Sabes que es eso lo que me pasa, de pronto puedo encajar. El amor volverá a ser la fuerza y por fin se podrá reinventar.

La vulnerabilidad descansa en algún hombro. No sé cuántas confianzas me queden, no sé. De soles y de noches, de soles y de noches… siempre volverá a amanecer.

 

 

 

 

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Poesía de silencio

I

Yo, que en un tiempo recorrí estradas infestadas a mis pies, conocí la moral que protege las sienes, que protege los sesos de palabras grotescas. Crujiendo de pronto me rompí la cabeza, me sangré las manos mientras ascendía por una colina de tierra húmeda. Eran lágrimas que humedecían la tierra, siempre son lágrimas y humedecen siempre; solo hay que ver qué, dónde caen las lágrimas. Yo quería que cayeran en otras latitudes, lo ves. Yo quería que cayeran en las hojas o en tus pies. Siempre evaporan antes de tocar cualquier suelo, no tienen origen, por tanto, no tienen a dónde volver. Piensan, si piensan, que caen; pero ascienden, nunca tocan.

Cada vez que llueve vuelven, me empapan la cabeza, son mis lágrimas. Mira los hombres, bebiendo mis lágrimas, los miro andar sobre ellas con sus asquerosas pisadas pronadoras y me dan ganas de volver a llorar, para salvarlas; los miro escupir. No es un adiós absoluto, me repito secamente, volverán… ¡volverán!

II

Cuando la vida es hermosa habla en silencios. Las palabras me fueron negadas, yo intenté hablar sin repasar. Toda belleza me cautivó hasta el punto de despedazarme, despalabrarme. La belleza si hablara Platón, sería también tan mansa y tan divina. ¿Por qué me parece a mi que la belleza desarma? No puedo hablar de bellezas. La belleza calla y hace callar, cede y se inclina, cede y suspira. Cuando la vida es hermosa habla en silencios, es siempre un grito eterno e interrumpido.

III

El sueño debilita, escuché decir; y la belleza atrae. La mayor poesía siempre será no decir nada.

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En Rigor mortis también se vive

Que me muevan los pasos que se alejan, el sonido se filtra cada vez más bajito, casi imperceptible ya; giras y sonríes… giras y te vas.

Que me muevan los cajones vacíos, la humedad detrás de los cuadros que cuelgan en paredes donde sigue rebotando alguna voz.

Que me mueva el recuerdo y el ruido, el olor de las tardes cuando cae el sol, que me despierte la respiración a un sueño peor.

Que me mueva tanto como aquella vez, que me mueva todo otra vez; para asegurarme que me sigo moviendo aunque no estés.

Que… aunque nunca más estés.

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Mestremese

los enfermos amigos de la muerte, el lento roce de tus huellas, la palabra malgasté, las consonantes constantes y las lágrimas de mi madre cuando bosteza, sobre todo cuando bosteza.

En esos instantes es como si me quedara sin frenos en una autopista a máxima velocidad, sin poder hacer nada más que intentar seguir dando las curvas hasta que irremediablemente…, imposibilitada y sin derecho a réplica. Hay, sin embargo, una verdad rescatable, honorable diría yo, en esta manera involuntaria de proceder. Eso es la tranquilidad que deriva de una aceptar…se, por que aceptar un destino no es lo que busco.

Me refiero a recibirme, y me sorprendo saludándome, ¿cómo es que nos cegamos tanto de lo que somos? Nos negamos todo, y después culpamos a todo (en este segundo todo sí estamos nosotros mismos). Ahora, ¡qué fortuna, mestremezco! Termino y me sonrío, ¿qué tal, cómo has estado?

 

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Todo me lo invento

Es igual si comemos solo latas de atún mientras nos alcance para comprar libros. No recuerdo si lo dijiste mientras comíamos una lata de atún o después de recitarme un poema, cómo cambiaría la historia. ¿no? de alegre a triste -plaf- solo por el contexto.

 

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